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De la carpintería a los museos y galerías

— colaboración de Liana Cisneros a PuntoLatino —

Desarmar y rearmar con creatividad e imaginación lúdica objetos de madera de uso cotidiano es lo que caracteriza el trabajo del escultor uruguayo Wifredo Díaz Valdéz (1932), quien en estos días expone por primera vez en Suiza. La muestra Construir Desconstruyendo está en el Museo Daros de Zúrich hasta el 6 de noviembre 2011. [foto 1].

Díaz Valdéz rescata del abandono y desuso muebles, cajas, puertas, ruedas para darles atemporalidad, con la ayuda de clavijas y bisagras. En este proceso creativo confluyen destreza, precisión y talento de maestro carpintero, que de no ser así le sería casi imposible moldear trozos de madera impenetrables como el quebracho.

       













Las obras expuestas poseen un marcado simbolismo, y buscan hasta cierto punto contacto físico con el público. Se necesitan abrir minúsculas puertas o manipular el exterior para ver la transformación y metamorfosis que sufrieron en su “alma”. El pie de una lámpara es una nave espacial (al inicio de este párrafo, foto 1 © Daros). Un trozo de quebracho es una especie de instrumento musical de fino acabado (Foto 2/Estela roja, 1997. © Daros). Recipientes para beber el tradicional mate son esculturas extrañas y abstractas. Las bochas (foto 3), pelotas con las que se juega ese deporte popular en Uruguay desde principios del siglo XX, son como piezas de Lego, y un 'palo de gallinero' es una bellísima obra, completamente alejada de su uso original (foto 4).

Díaz Valdéz es autodidacta, estudió hasta tercer año de secundaria, llegó al arte a través de la carpintería, oficio que aprendió de adolescente en su remoto pueblo natal, Treinta y Trés. A los treinta años comenzó a hacer tallados en madera, explorando e investigando el origen del material. [foto 6 © Daros]

Su evolución de la carpintería a la escultura se dio de manera progresiva y por un golpe de suerte. Quiso aprender dibujo pero no era posible, sus manos estaban muy dañadas por el uso de herramientas de carpintería. “... iba al Círculo de Bellas Artes tratando de aprender dibujo y cuando vio [el profesor Jorge Damiani] que era tan torpe para manejarme con el lápiz me preguntó lo que hacía. Digo ´yo soy carpintero.´ Y me preguntó si él podía ver algo de lo que hacía... Le llevo un trabajito y a él le llama mucho la atención. Y me dice ´Pero esto está muy bien, esto es muy original, formidable. ¿Tenés más? ¿Puedo ir a tu casa? Quiero ver más. Bueno, yo me quedé paralizado, no tenía respuesta... Y después de que él fuera a mi casa y viera mis trabajos, me sugirió hacer una exposición”, cuenta en una extensa entrevista para el catálogo de Daros. El resto es historia.



De paso por Zúrich, Díaz Valdéz reflexiona sobre ese proceso de esta manera: “La artesanía se define por ser utilitaria y el arte por los espacios. Esta pieza, señalando La Rueda (1988), lo hizo un campesino generacionalmente de la época de mis abuelos y son mis nietos quienes tendrían que recuperarla y darle otro ciclo de vida. Artesanía y arte se entrelazan gracias a la evolución en el tiempo.”

En sus inicios, los críticos querían saber cuál habría sido su escuela y trataban de etiquetarlo y algunos no tardaron en colocarlo cerca del deconstruccionismo. Un día, en medio de una presentación, comentaron que seguramente era un lector y admirador de Jacques Derrida (Argelia-Francia, 1930-2004), influyente pensador y filósofo contemporáneo, el padre del deconstruccionismo. “¿Quién es? No lo conozco”, recuerda que dijo.









La política presente en su obra

El aspecto político está muy presente en su obra, plasmado claramente en América del Sur (1997), un pájaro con las alas encadenadas. “Uruguay, país democrático de larga data, salía de una traumática dictadura militar. Si mirábamos más allá casi toda América del Sur tenía gobiernos dictatoriales. Con esta obra quise graficar que éramos ricos, con capacidad de volar pero no podíamos hacerlo”, sostiene. Su obra Butaca (1984), o silla de burócrata como gusta llamarla, “es un recipiente que provoca celos o intrigas porque se puede llevar o quitar. Es el recipiente de un hombre transitorio a desplazar”, comenta con su humor tan uruguayo.

Durante la dictadura militar uruguaya muchos tuvieron que dejar el país, Díaz Valdéz se quedó. “Me encerré y no participé en nada hasta que volvió la democracia. No mostré mi trabajo. Mi actitud era de no participar en nada oficial, porque lo que se manejaba como oficial era fraudulento”, comenta. Uruguay volvió a la democracia en 1985. “Los uruguayos venimos de una tradición democrática, de discusiones en los bares. Todos participan en la toma de decisiones, se invita y consulta a los partidos y a la población. El presidente José Mujica no ha prohibido nuestras libertades. Es muy importante su rol, es creíble en todos los planos. Es un campesino con solvencia ética que parece haberse formado en un convento por lo austero que es”, sostiene.


La mayoría de sus exposiciones, individuales y colectivas, se han realizado en su país, sin embargo el reconocimiento traspasó las fronteras. Ha sido homenajeado con el Premio Nacional Pedro Figari del Banco Central del Uruguay (1999) y en 1992 con el Mid American arts Alliance (MAAA), Kansas City, Estados Unidos, entre otros. Sus obras ya están en el Museo Nacional de Artes Visuales, Museo Paraguayo de Arte Contemporáneo, Fundación San Telmo (Buenos Aires), Fundación Museo de Bellas Artes de Caracas, Colección BID (Washington), Colección Banco Central (Montevideo), entre otros.

[Fotos: © Liana Cisneros a excepción de una mencionada arriba] 

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