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Los colores de la montaña (Carlos C. Arbélaez)


— nota de Michèle Bigler de © PuntoLatino —

Los colores de la montaña explora las consecuencias del terrorismo en las zonas rurales invadidas por la FARC. El problema del terrorismo hoy en día es inevitable en el mundo y en los medios de comunicación. La humanidad se ha adaptado al terrorismo como algo omnipresente en la sociedad moderna, sin embargo esa conformación no elimina las inquietudes sobre el tema. Uno se pregunta: ¿qué sucede con las poblaciones acosadas por el terrorismo?, ¿quiénes son las verdaderas víctimas?, ¿cómo luchar? y ¿quiénes son los buenos y quiénes son los malos? Dichas interrogaciones contienen un cargo deprimente, inquietante e invasivo especialmente en la pantalla grande. En el caso de Los colores de la montaña, Arbeláez se aproxima al terrorismo con un enfoque infantil agregándole un necesario relieve humorístico a su obra.

Es la historia de Manuel un niño de nueve años, su familia, la escuela y especialmente su grupo de amigos y el amor compartido al futbol. Todo sucede alrededor de su nueva pelota de fútbol y el campeonato con sus amigos. Pero el peligro de los terroristas y paramilitares va lentamente invadiendo el pueblo de Manuel, van desapareciendo miembros de la comunidad hacia el monte, hacia la cuidad o para afuera bajo la amenaza pintada en los muros de la pequeña escuela “el pueblo con las armas vencer o morir”. Paralelamente al terror que invade el pueblo, Manuel y sus amigos sienten una poderosa decepción al perder su nueva pelota de futbol en un campo de minas. La meta es rescatar la pelota para el gran campeonato y la banda de chicos arriesga su vida en una serie de aventuras para llegar a ella y poder rescatar el campeonato. Mientras que los habitantes del pueblo comprometen sus vidas quedándose en sus territorios, tratando de mantenerse neutrales en el conflicto o escogiendo un bando, los niños siguen en búsqueda del sagrado balón. Es una búsqueda bidimensional que subraya la amistad y la evolución de las relaciones entre los niños y los adultos y los límites de las presiones sociales.

Al final de la presentación de Los colores de la montaña, Carlos César Arbeláez dijo unas palabras sobre su proyecto y respondió a unas preguntas de los espectadores. Lo que más resaltó fue la historia del trayecto que tuvo la película para llegar a su producto final. La idea inicial nació hace nueve años con la compilación de historias que le habían contado a Arbeláez, entre ellas la tentación de un jardín de mangos deliciosos inalcanzables en un campo de minas.

Dos de esos años fueron dedicados al casting de los niños que se hizo en pueblos rurales cerca del lugar de rodaje en Jardín, Colombia. La selección de Manuel se hizo entre siete mil niños y los demás fueron individualmente escogidos de pueblos, porque Arbeláez quería que no fuesen actores. Anteriormente al rodaje juntaron a los niños por siete meses para que formaran una amistad con fines de enriquecer el realismo de la película. Aparentemente no se les presentó el guión y fueron diciéndoles cómo actuar y qué decir mediante la filmación. Los niños recién vieron el resultado final en el festival de cine de Cartagena el mes pasado.

El producto final es un éxito, perturba conmueve y hace reír. Las aventuras de Manuel y sus amigos evocan aquellas de Tom Sawyer con un cargo psicológico. La película será difundida en Suiza en los próximos meses por lo cual los invito a descubrir el mundo de Manuel por ustedes mismos.

Michèle Bigler de © PuntoLatino





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