| ENTREVISTAS Y DISCUSIONES SOBRE CINE | GERMINAL ROAUX | COSMOS | 2026 |
Germinal Roaux (director de «Cosmos»):
«Quería reconciliarme con mi miedo a la muerte»
— Por Luis Vélez Serrano de ©PuntoLatino en base a notas personales y a la grabación de la discusión. Para la transcripción multilingüe (francés/alemán) y para la traducción al español se utilizó herramientas de la IA. Zúrich, 24 de junio de 2026, Cine «Arthouse Le Paris», Zúrich.
Roaux nos habló de su contacto con la cultura maya y del largo proceso (¿casting?) que lo llevó a encontrar al actor no profesional que interpreta a León
Tras el pre-estreno de su más reciente película en el cine Arthouse Le Paris, el director suizo Germinal Roaux mantuvo un largo y profundo diálogo con el público a propósito de su filme «Cosmos». Más que hablar del rodaje en México o de los aspectos técnicos de la realización, el cineasta fue revelando el origen íntimo de una obra nacida de una búsqueda personal: comprender la muerte, aprender a aceptar la incertidumbre y dejarse transformar por el encuentro con la cosmovisión maya.
La conversación, muy bien moderada por Andrés en francés y alemán, permitió descubrir el largo camino que llevó a Roaux desde un viaje con fines fotográficos realizado en Yucatán en 2009 hasta la realización de una película que tardó más de quince años en madurar. Durante ese recorrido encontró a Andrés Kazzin, un campesino maya que jamás había visto una película y que terminaría convirtiéndose en uno de los dos protagonistas principales de la obra. Su presencia transformó por completo el proyecto: el director abandonó gran parte del guion original para dejar espacio a los silencios, a los gestos y a una forma distinta de comprender la vida.
Roaux explicó que la película enfrenta dos maneras de mirar el mundo. Por un lado, una visión occidental, racional y analítica, representada por Lena, una mujer que ha buscado respuestas en el conocimiento y que, sin embargo, se descubre indefensa ante la proximidad de la muerte. Por otro, la visión de León, profundamente arraigada en la naturaleza y en la tradición maya, donde la existencia se entiende como un ciclo continuo y no como una línea que concluye abruptamente.
A lo largo del coloquio, el director insistió en una idea que atraviesa toda su obra: para crear esta película tuvo que aprender, igual que sus personajes, a renunciar al control. Ese proceso creativo terminó convirtiéndose también en un proceso de transformación personal. «Quería reconciliarme con mi miedo a la muerte», confesó. Esa frase resume probablemente el verdadero corazón de una película que invita al espectador a detenerse, contemplar la naturaleza y recuperar una dimensión espiritual que, según Roaux, la sociedad contemporánea ha ido perdiendo.
— Andrés: En la película se encuentran dos mundos muy distintos. Como director y guionista, ¿en cuál de esos dos mundos te sitúas tú?
— Germinal Roaux: Esta película fue para mí un viaje enorme. Viene de muy lejos. En 2009 hice un trabajo fotográfico sobre una comunidad maya, en una región muy particular de Yucatán. Allí, en esa geografía de selva, tuve hace unos quince años una especie de revelación: debía intentar hacer una película para reconciliarme con mi miedo a la muerte. Hoy, al volver a ver la película con cierta distancia, me doy cuenta de que los dos personajes, Lena y León, representan de alguna manera dos partes de mí mismo. Pero también dos partes que existen en cada uno de nosotros.
Lena representa el lado cartesiano, intelectual. Ha estudiado mucho, ha buscado respuestas en los libros, pero al final de su vida se encuentra desarmada ante la muerte.
León, en cambio, representa otra relación con el mundo: una conexión con la naturaleza, con la cosmovisión maya, con la idea de la vida como ciclo y no como una línea recta que termina.
— Andrés: León, interpretado por Andrés Kazzin, es un personaje extraordinario. Casi no habla, pero se expresa con los ojos y con las manos. ¿Cómo encontraste a alguien así?
— Germinal Roaux: Fue un camino muy largo. La producción mexicana contrató durante seis meses a tres personas para hacer el casting. Recorrieron pueblos de Yucatán buscando a un hombre que pudiera parecerse al personaje que yo había escrito (descrito). Vimos a cientos de personas. Pero dos semanas antes del rodaje todavía no había encontrado a mi actor.
La producción estaba nerviosa y yo también. Desde Ciudad de México me enviaban todos los días videos de actores que intentaban mostrarme cómo podían interpretar a León, pero yo no quedaba convencido.
Entonces ocurrió algo muy extraño. Conocí a una antropóloga francesa de edad avanzada que trabajaba desde hacía años con chamanes en México. Lo primero que me preguntó fue si yo había asistido alguna vez a una ceremonia chamánica. Le respondí que no. Ella me dijo que era imposible hacer esta película sin haber vivido una experiencia así.
Me explicó que había venido expresamente desde París para asistir a una ceremonia muy importante, con una mujer chamana y un hombre chamán, y me dijo que tenía que acompañarla. Esa ceremonia me puso en el camino… La mujer chamana me dio tres nombres de pueblos donde, quizás, podía encontrar al hombre que buscaba.
Después de esa larga noche chamánica, regresé al hotel en Mérida a las seis de la mañana. Tomé el gran dossier con las seiscientas fotos del casting y, al revisarlo, encontré la imagen de Andrés. Vi que venía de El Balam, uno de los tres pueblos que la chamana me había indicado. Al día siguiente fuimos hasta allí con una pequeña hoja en la que llevábamos su foto. Llegamos al pueblo, mostramos la imagen y nos dijeron que vivía detrás del pueblo, siguiendo un camino hacia la selva. Llegamos a su campamento, donde vive en medio de la naturaleza. En el momento en que lo vi, supe que era él.
El principal actor de «Cosmos» nunca había visto antes una película …
— Andrés: ¿Y fue fácil convencerlo de participar en la película?
— Germinal Roaux: No, tomó tiempo. Andrés vive realmente en la selva. Nunca había visto una película en su vida. Tuvimos que hablar durante varios días para convencerlo de que trabajara con nosotros.
Pero cuando empecé a trabajar con él comprendí algo esencial. Yo había llegado a México con un guion todo muy escrito, muy grande, con muchos diálogos. Al conocer a Andrés, supe que él era el personaje, pero también que debíamos cambiar algo.
Entonces descubrí una cosa maravillosa: sus silencios eran más ricos que todo lo que yo había podido escribir.
«Los silencios de Andrés decían más que todos mis diálogos»
— Andrés: En la película se encuentran dos intérpretes muy distintos: Andrés Kazzin, que nunca había actuado, y la gran actriz española Ángela Molina, con una extraordinaria trayectoria internacional. ¿Cómo fue trabajar con ellos?
— Germinal Roaux: En realidad, fue Andrés quien terminó marcando el ritmo de toda la película. Todos nos adaptamos a su manera de estar en el mundo. Ángela llegó al rodaje con una idea muy clara de su personaje, fruto de toda su experiencia como actriz. Pero yo le pedí algo muy diferente. Le dije: «No actúes. Frente a Andrés no necesitas interpretar nada. Habla con tu propia voz, utiliza tus propios gestos y sé simplemente tú misma».
Creo que esa fue la clave. La autenticidad de Andrés transformó también el trabajo de Ángela.
— Andrés: Eso significa que tuviste que modificar profundamente el guion durante el rodaje.
— Germinal Roaux: Sí, y no fue un proceso fácil. Fue incluso doloroso.
Toda transformación importante exige renunciar a muchas certezas. Yo también tuve que aprender a soltar el control. Había escrito un guion muy preciso, pero comprendí que la película quería ir por otro camino. En el fondo, el proceso creativo reflejaba exactamente el recorrido de Lena, el personaje principal: aceptar la incertidumbre y dejar ir aquello a lo que uno se aferra.
Yo buscaba transformar mi propio miedo a la muerte, y esa búsqueda terminó impregnando toda la película. Cuando uno deja de controlar todo, a veces aparece algo mucho más grande que uno mismo.
«No soy religioso, pero sí profundamente espiritual»
— Andrés: La película plantea muchas preguntas sobre la muerte y la trascendencia. ¿Te consideras una persona religiosa?
— Germinal Roaux: No. Más bien desconfío de las religiones y de los dogmas. Lo que sí me interesa profundamente es la dimensión espiritual del ser humano. Vivimos en una sociedad que ha perdido muchos rituales y que se ha desconectado de la naturaleza. Me parecía importante reflexionar sobre cómo acompañamos a nuestros moribundos y a nuestros muertos, y cómo podemos volver a conectar con algo que nos dé serenidad.
Contemplar la naturaleza, detenerse, aceptar sus ciclos… todo eso puede ayudarnos a recuperar una relación más sana con la vida y con la muerte.
Vivimos en un mundo que corre demasiado deprisa. Tal vez necesitamos aprender otra vez a mirar con calma.
La flor de cosmos
— Luis Vélez Serrano: León como una forma simbólica de homenajear la amistad que le une a la moribunda Lena, siembra y cultiva unas flores. ¿Creo haber escuchado que son «flores de cosmos»?
— Germinal Roaux: En efecto, sí, son las flores de cosmos (*).
— Luis Vélez Serrano: ¡Ah! Eso explica el título del filme…
A la salida pude preguntar a unas tres personas «¿Por qué creen que el filme se titula «Cosmos»?
Las tres personas coincidían en que era por los dos mundos en contacto … Les expliqué lo de la flor …
(*) La «flor de cosmos». La flor de cosmos es una herbácea nativa de México y zonas de América Central. Según Wikipedia es un géenero de entre 20 a 26 especies de la familia Asteraceae. También la llaman «margarita mexicana» y «mirasol».
Las temáticas abordadas en el filme
De las preguntas del público, de mis cortísimas preguntas a la gente del público, y de lecturas críticas se desprende esta temática del filme que suscita un vivo interés:
• el miedo a la muerte;
• la cosmovisión maya;
• la fuerza del silencio;
• la espiritualidad sin religión;
• lo muchho que significa y puede significar «Cosmos» con «C» o con «c».

