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Un recorrido histórico desde la sensibilidad: diálogo con Manuela Martelli
— por Thais Guillen Otero de ©PuntoLatino, Zurich Film Festival septiembre 2026
Rojo y blanco. Nieve y pérdida. La nueva obra de la directora chilena Manuela Martelli juega con nuestras sensaciones en una gran pantalla que evoca la niñez perdida, la fe en un futuro incierto y la candidez.
Manuela Martelli debutó como actriz en el largometraje B-HAPPY dirigido por Gonzalo Justiniano, recibiendo el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de La Habana 2003. Desde entonces su versatilidad la ha llevado a participar en 15 películas y series de televisión.
Con «1976» comienza su carrera como directora y es nominada a los Premios Goya en la categoría de Mejor Película Iberoamericana. Su ópera prima retrata los horrores vividos en Chile durante la dictadura de Pinochet con una visión intimista y femenina. Durante su primera proyección en Suiza, Luis Vélez Serrano, coordinador de PuntoLatino, entrevistó a Manuela Martelli. Pueden encontrar la entrevista aquí.
Esta semana la directora compite en el Festival de Cine de Zúrich en la categoría de Largometrajes (Spielfilmwettbewerb) con su segunda película: El Deshielo. PuntoLatino no quiso perder la oportunidad de acercar esta nueva obra a sus lectores.
La película sigue a Inés (Maya O’Rourke), una niña de 9 años que pasa el invierno en un hotel de montaña de su familia en el Chile de 1992. Una amistad improbable, un giro siniestro y una búsqueda desesperada llevan a esta niña a descubrir secretos familiares y el lado oscuro de una sociedad que promete un futuro impoluto y brillante.
El poder de la memoria
En medio de una silenciosa expectación, la cinta fue proyectada en el cine Kinokoni el pasado sábado 26 de septiembre. Posteriormente, el público tuvo la ocasión de conocer más a fondo a Manuela Martelli y su mundo creativo.
— Moderador: Muchas gracias por estar hoy con nosotros. Hablemos primero de las muchas capas que forman esta película: la pérdida de la inocencia, la ausencia, la falta de honor… ¿Cuál fue exactamente el punto de partida de esta cinta para ti?
— Manuela Martelli: Es tal y como dices, El Deshielo tiene muchas capas, muchos comienzos. La idea surgió por primera vez mientras estudiaba Teatro. Teníamos la tarea de escribir una pequeña obra de dramaturgia y ya era la última noche antes de entregar el texto. Eran las 10 de la noche y no sabía qué escribir, estaba muy confundida. De pronto, la imagen de una niña pequeña en la nieve, en un hotel, vino a mi memoria.
Era un recuerdo de mi infancia, cuando solía ir de vacaciones al hotel de unos parientes. Hubo un invierno en particular que lo pasé sola. Mis padres me enviaron en avión sin acompañante, y recuerdo esa sensación de disfrutar de la independencia y, al mismo tiempo, sentirme aterrada de lo que estaba por venir. Recuerdo también la alegría de cruzar límites, ese privilegio de ver otra dimensión del hotel, de conocer a las trabajadoras, ir a sus habitaciones, hablar de sus novios. Era como tener acceso a una miniatura de Chile. Y así, en esa noche de escritura, comenzó todo.
Comencé a explorar mis memorias y también recordé el detalle del iceberg, porque ocurrió alrededor del mismo período. Me pareció muy interesante la idea del paralelismo entre la exhibición de Sevilla y el hotel familiar. Deseaba usar esos dos espacios para confrontar dos ideas centrales: lo que queríamos demostrar al mundo y lo que dejábamos atrás. Quería hablar de Chile, de cómo logró reconstruirse luego de la dictadura, de cómo eligió presentarse al mundo y de todas esas expectativas de futuro. Del otro lado estaban la dictadura y todo el pasado que no queríamos mirar.
— Moderador: ¿Por qué decidiste situar la película en 1992, sólo dos años después de que Pinochet dejara el poder, si en aquel entonces eras solo una niña?
— Manuela Martelli: Siempre me ha atraído ese período de la historia reciente chilena, desde el golpe de estado hasta la recuperación de la democracia. Pienso que es el que sentó los pilares de lo que Chile es hoy.
Durante la dictadura Chile entra en una fase de neoliberalismo. La Escuela de Chicago y otras ideas de las que pueden haber escuchado hablar, fueron establecidas en Chile como si fuera un laboratorio para extender el neoliberalismo por toda la América Latina. Pienso que entender ese contexto en el que se escribió la constitución, en el que se privatizaron muchos derechos sociales puede ayudarnos a entender el presente de Chile.
Mi deseo es realizar un filme que aborde cada una de esas tres décadas. La exhibición de 1992 resultó ser un punto de partida magnífico para hablar de esta década.
Llorar sobre leche derramada
— Participante del público 1: Quisiera preguntarle sobre la escena en la que los chicos del equipo de esquí derraman la leche en la cantina del hotel. ¿Cuál fue la intención de ese primer plano de la leche que vimos después?
— Manuela Martelli: El Deshielo juega con diferentes elementos que no tienen un único significado, pero que, de alguna manera, construyen el mundo de la película. Es casi como un pequeño sistema en el que una cosa resuena en otra y, con suerte, también resuena fuera de ella. Como su directora, cada vez que sentía ese hilo conductor -que era más visceral que simbólico-, lo seguía.
La imagen del iceberg, por ejemplo, de la sangre, de lo blanco, de lo roto… las imágenes en esta película tienen un sentido poético. No intentan desarrollar un discurso, sino provocar una sensación. Nos adentramos en un momento histórico, como explicaba antes, pero desde la sensibilidad, no desde el panfleto. Me interesaba conectar al público con Chile sin enfocarme en la historia ya conocida o sus héroes, sino simplemente a través de las emociones.
Y así surgió la leche casi como un tema en la película, la leche, la nieve, el color blanco, la fijeza de esa mirada de niño. Me pareció interesante eso de que cuando eres niño miras las cosas de forma distinta. Te fascinan las texturas y los colores que a un adulto le resultarían aburridos. En el universo de los niños las cosas pierden su límite y se transforman en algo temible o maravilloso según como ellos las perciban. Y ese es el enfoque que adopto en esta película: en realidad es el público el que define las cosas, según las emociones que la película les despierta.
Tres idiomas que conectan y entrelazan
— Participante del público 2: Me pareció muy estimulante ver que la protagonista fuera una niña tan joven. Me gustó mucho la autonomía que se le dio y el papel tan crucial que logró desempeñar. También me sorprendió el carácter multilingüe de la película. ¿Cómo fue el proceso de rodar una película que incluye tres idiomas diferentes?
— Manuela Martelli: Fue un gran reto y al mismo tiempo un proceso muy enriquecedor. El idioma también se convirtió en una de las capas de la cinta. Durante la concepción y la filmación comencé a entender lo que significaba rodar esta película chilena en inglés. Fue un conflicto interno, pero luego comprendí que era necesario. Y me dije, vamos a convertirlo en un tema, vamos a sacarlo a relucir como parte del drama. En un período en el que la influencia de EE. UU. se vuelve tan fuerte, ese idioma que no pertenece a ninguno de los personajes se convierte en la única forma de conectar sus mundos.
Aprenderme el guión en alemán, un idioma que ya manejaba un poco, me hizo darme cuenta de que hay algo muy profundo en las palabras dichas en su idioma original. Fue muy diferente de cuando trabajo en español, y particularmente en español chileno. Hay detalles que no pueden capturarse en otro idioma. De eso también se trata la película: de esos silencios y esas barreras.
Maya O’Rourke: un talento insospechado
— Moderador: Imagino que otro de los retos de esta obra fue encontrar a “Inés”, porque es un personaje que lleva el peso de la película sobre sus hombros. Además de que tiene que hablar en inglés durante la mayor parte de ésta. ¿Podrías contarnos un poco sobre el proceso de selección del reparto y cómo encontraste a esa pequeña actriz maravillosa?
— Manuela Martelli: Maya O’Rourke es realmente maravillosa. Y el proceso de selección para su personaje fue muy, muy largo. Incluso lo pospusimos un año, porque no lo teníamos claro, y era una responsabilidad enorme. Sentimos como si la película dependiera de esta pequeña actriz.
Entrevistamos a unas 500 niñas. Luego de la preselección trabajé con dos de ellas durante meses. Tenía mucha conexión con una de ellas y me gustaba, pero de repente tuvo unos problemas familiares y no pudo continuar. Recuerdo que estábamos a punto de comenzar la preproducción. No podíamos posponerla otro año. Y en medio de la desesperación llegó un video de Maya.
Fue algo muy bonito y auténtico. Normalmente eran los padres los que grababan a los niños y hacían preguntas. Pero Maya tenía como un sistema de centro de llamadas y grabó el vídeo ella sola. Vimos también que hablaba español e inglés muy bien. Solo con su presencia y su carisma podíamos percibir que ella sabía lo que quería, que luchaba por su sueño. Me dejó realmente impresionada. Luego, cuando hicimos pruebas siempre se desenvolvió con seguridad. Y sentí cómo disfrutaba este proceso. Para mí era importante sentir que no había un padre imponiendo: «Tienes que ser actriz». Maya me demostró que actuar era cosa suya.
Con estas palabras sobre Maya O’Rourke se cerró la discusión del público con la directora Manuela Martelli. Y pienso que no hay conclusión mejor porque es a través de sus ojos, serios, inocentes y amorosos, que se nos descubre el universo de El Deshielo.
Desde PuntoLatino solo nos queda invitarlos a disfrutar de esta pieza y reflexionar. O tal vez, como propuso Martelli, invitarlos a sentir la incertidumbre y las ansias de futuro de aquel Chile de la postdictadura.
