| NOTAS DE CINE | 2024-2025 |
¡Vivan los toros! ¡Mueran las corridas!
Nota de Luis Vélez Serrano de ©PuntoLatino a propósito de «Tardes de Soledad». Zúrich 28.08.2025. El director español Albert Serra presentó su filme en una sala llena del zuriquense Kino Xenix.

Se trata de un documental sobre varias corridas de toros de uno de los mejores toreros en la actualidad que ha triunfado en las plazas españolas y especialmente madrileñas. Si bien la película es sobre un torero, pone en cuestión a la tauromaquia, es decir, a la actividad considerada un arte por la tradición.
La cámara sigue a un torero, a un torero de carne y hueso, Andrés Roca Rey, «matador» peruano de 28 años e ídolo de las plazas madrileñas, con 10 años en el toreo, en sus actuaciones a lo largo de varias corridas de toros (donde el matador es el mismo y los «matados» cambian, y en una de las corridas el matador cae al suelo y es ligeramente lastimado) y en una película que dura más de dos horas. Si el espectador se concentra un poco va sintiendo la soledad que siente el protagonista; si el espectador no se concentra, le parece algo aburridor ya que ve una corrida tras otra, en las que bestia y lidiador se enfrentan repitiendo situaciones muy parecidas.
La película de Serra, a mi manera de ver, no es una exhibición partidaria del «arte» taurino, pero tampoco es una crítica a la tauromaquia. Ves la soledad de un hombre rodeado de muchísimos partidarios, espectadores, colaboradores de la cuadrilla, etc., y ves un animal sufriente, exhausto, moribundo y también en soledad. ¿Cuál da más pena? Otra lectura de la «soledad» podría ser la del matador frente a varios toros que ya han perdido antes de entrar al ruedo: hay uno solo, ya se sabe todo.

Albert Serra durante la presentación de su filme el 28.08.2025 en el Kino Xenix de Zúrich
Arte y tradición
¿El toreo es un arte ó tiene algo de arte? Hasta cierto punto la destreza puede desembocar ciertamente en algo de arte. Empero cuando se ve la finalidad de este «arte», matar a un animal entre vítores circenses de gente sedienta de sangre, vendría a ser un «arte macabro». Toda una parafernalia: caballos, lanzas, banderillas, cuadrillas … torero, ayudantes, público y todos contra el toro.
De arte, en el sentido moderno y ético, no le veo nada. Sin embargo, históricamente, hay que reconocer que la tauromaquia es una práctica que ha pervivido gracias a la tradición, desde la edad de bronce. Así, los trajes de luces que usan los toreros y sus cuadrillas, no se pueden calzar si no es con ayuda de un colaborador del equipo [← foto], de tan ajustadas que son; son ropas lujosas, hechas a mano y muy a medida. Mito, tradición y religión: el preámbulo de cada corrida es una –o varias– persignación católica (o al menos cristiana) en público, a veces, más de una vez.
La película que utiliza los recursos de la música y la técnica cinematográfica muy bien, tiene su mérito en mostrar la soledad del torero, valiéndose en este caso, de un famoso, a pesar del enorme gentío que lo arropa o parece arroparlo, desde su cuadrilla de ayudantes hasta el público ora embelesado, ora vampírico.
¿Por el torero o por el toro?
«Ni pour ni contre, bien au contraire» decía sobre esta película Mathieu Loewer de «Le Courrier». Esta neutralidad, ambiguedad, o simple falta de posición del director del filme, no impiden que el espectador tome partido.
A pesar de la neutralidad de la dirección del filme, es Imposible no tomar partido entre los dos protagonistas de la narrativa: toro y torero. Uno con traje de luces y otro con traje de sangre viva. Yo ví corridas de toros desde niño (vivía cerca de una plaza de toros en el barrio de San Pedro, La Paz (Bolivia) y me dejaban entrar sin pagar. Varias décadas después, volví a verlas tres veces en Madrid y siempre fui «fan» del protagonista resiliente, es decir, del toro. Al toro lo único que le «reprocho» es ser fanático del color rojo y así caer muerto víctima de su fanatismo, teniendo a centímetros de sus acerados cuernos pero no de su vista, las tripas y los «testis» del «matador».
El espectador siente la soledad del torero pese a las ovaciones, los festejos de sus allegados y del público. Pareciera un castigo a su actitud. De otra parte es imborrable la actitud del moribundo torero: ojos, lengua, jadeo … su despedida.
Un público cegado grita elogios a los grandes «huevos» del matador sin parecer percatarse que los del toro lo son mucho más … ¡Vivan los toros, mueran las corridas!
