| ZÜRCHER THEATER SPEKTAKEL 2026 | «CORAZÓN RUDO», DIANA ROJAS-FEILE, COLOMBIA | DISCUSIONES PÚBLICAS |
«Corazón Rudo»: Testimonios, Memoria e Historia en procura de la paz

Zúrich, viernes 28 de agosto 2026. Tras la presentación de «Corazón Rudo» en el Zürcher Theater Spektakel, la directora colombiana Diana Rojas-Feile y dos integrantes de su equipo artístico y una moderadora, participaron en una discusión pública sobre el origen y el proceso de creación de la obra. Luis Vélez Serrano, redactor de ©PuntoLatino asistió a la discusión y ofrece esta nota en base a la grabación, la misma que fue transcrita y luego traducida del inglés al español con la ayuda de recursos de IA.
«Corazón Rudo» de Diana Rojas-Feile, aborda el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por grupos armados en Colombia, una realidad que desgraciadamente aún azota a Colombia. La discusión, objeto de esta nota, permitió conocer el largo y difícil trabajo de investigación que precedió a la obra, la colaboración con instituciones colombianas y suizas y las precauciones éticas adoptadas para trabajar con los testimonios de personas sobrevivientes y esto, cuidando de no exponerlas nuevamente al dolor y cuidando también de no convertir sus experiencias en simple material artístico.
No se puede construir la paz sin recordar, los testimonios son indispensables para mantener la memoria histórica. Corazón Rudo mantener viva la memoria de quienes fueron reclutados siendo niños y adolescentes durante el conflicto armado colombiano. Sin embargo, recordar no significa permanecer atrapados en el pasado: la memoria es una herramienta para contribuir a la construcción de la paz, ahora y en el futuro.
El caso de los combatientes niños de fuerzas irregulares en Colombia, es un caso abordado por la prensa internacional y por investigadores de numerosas universidades. «Corazón rudo», aborda desde el arte testimonial este problema insoslayable: proteger a las personas donde quiera que estén.
Al empezar la discusión con el público, la moderadora recordó que, según cifras citadas durante la presentación, solo en 2025 se registraron 257 casos de reclutamiento de menores en Colombia, siendo el departamento del Cauca una de las regiones más afectadas. También destacó el papel desempeñado por Suiza como país mediador y colaborador en los procesos de paz colombianos.
«Sola, no podía realizar este proyecto»
Moderadora: «Corazón Rudo» reúne una dimensión artística y otra claramente vinculada con la memoria, la justicia y la defensa de los derechos humanos. ¿Cómo surgió esta colaboración?
Diana Rojas-Feile: Comencé este proyecto hace aproximadamente cinco años. Su punto de partida fue una pregunta muy personal: cómo regresar a Colombia, mi país de origen, en un momento histórico especialmente significativo, después de la firma del acuerdo de paz.
El proyecto comenzó como una investigación en la Universidad de las Artes de Berna. Durante ese proceso comprendí que no podía realizarlo sola. La problemática era demasiado compleja y exigía conocimientos que iban mucho más allá de la creación artística.
Con el apoyo de una antropóloga y de una asistente de investigación en Colombia empezamos a acercarnos a las raíces del problema. Trabajamos con diferentes instituciones y organizaciones no gubernamentales, y también entramos en contacto con la Embajada de Suiza en Bogotá y con organismos del Estado colombiano.
Por eso, lo que el público ve en escena en «Rorazón Rudo» no es solamente un proyecto artístico. Detrás existe el trabajo de muchas personas e instituciones que llevan años ocupándose de este tema.
Una responsabilidad compartida
Uno de los colaboradores explicó que llegó al proyecto por mediación de un colega común. Como artista de origen alemán y colombiano, le interesaba especialmente reflexionar sobre la manera de aproximarse a una realidad tan dolorosa desde una perspectiva parcialmente exterior y, al mismo tiempo, vinculada con su propia identidad.
Colaborador: Me incorporé al proyecto cuando Diana ya llevaba varios años trabajando en él. Para mí fue muy importante preguntarme cómo podía relacionarme con un tema tan complejo sin apropiarme de él.
Durante el proceso realizamos numerosos talleres en Bogotá con algunas de las personas cuyos testimonios aparecen en la obra. Poco a poco se creó una comunidad temporal formada por artistas y sobrevivientes.
A partir de perspectivas distintas, comenzamos a sentir que compartíamos una responsabilidad. No hablaría de una historia terminada, porque se trata de una realidad que continúa. Nuestro trabajo consistía en preguntarnos cómo acercarnos juntos a esa memoria y cómo contribuir, aunque fuera de manera muy modesta, a un posible proceso de reparación.
La música también es memoria y recordar es sanar
La colaboradora responsable de una parte del trabajo musical explicó que llegó al proyecto por su experiencia con la percusión, la electrónica y el arte sonoro.
Colaboradora: Una de las cosas más hermosas fue descubrir lo diferentes que éramos. Los tres músicos procedíamos de ámbitos y escenas musicales distintas. Durante el proceso experimentamos juntos, confrontamos estéticas y perspectivas diferentes y terminamos encontrando un lenguaje común.
En mi trabajo como artista sonora me interesan especialmente la memoria y la naturaleza. Por eso esta invitación fue muy importante para mí, tanto como artista y tanto como colombiana.
Me preocupa que olvidemos nuestras historias. Necesitamos sanar, pero para sanar también necesitamos recordar.
La memoria como instrumento para construir la paz
La moderadora señaló que, durante su trabajo en Colombia, había comprendido que conservar la memoria histórica también constituye una forma de construir la paz.
A continuación preguntó cómo había sido el proceso de colaboración con las personas afectadas por el reclutamiento y la guerra. Subrayó la necesidad de evitar la revictimización y de no reabrir traumas que pueden acompañar a una persona durante toda su vida.
Testimonios y maneras de escuchar
Diana Rojas-Feile explicó que la preocupación ética estuvo presente desde el principio. Colombia tuvo una Comisión de la Verdad que escuchó decenas de miles de testimonios para intentar comprender por qué ocurrió la guerra.
Gracias a esa experiencia existe hoy un conocimiento muy importante sobre la manera de escuchar. Se escuchó a víctimas y también a responsables, aunque estas categorías son muy difíciles, especialmente dentro del contexto de la justicia restaurativa.
Para mí, regresar a Colombia significó primero aprender cómo debía realizarse esa escucha.
Nuestro equipo llevaba años trabajando con testimonios, pero esta era la primera vez que yo abordaba directamente el conflicto armado colombiano. Regresar significó confrontarme con una realidad que en cierto sentido conocía, pero que al mismo tiempo era completamente nueva para mí.
Al comienzo, el arte no era lo más importante. Lo esencial era la relación que establecíamos con las personas. La persona debía estar siempre por encima del proyecto artístico.
Las organizaciones con las que trabajábamos nos dijeron claramente que necesitábamos acompañamiento psicológico y jurídico, y que debíamos respetar el principio de no causar daño. Para un artista o un investigador, estos procedimientos no siempre son evidentes. Por eso fue un proceso largo, desarrollado durante varios años y acompañado por numerosos talleres de trabajo.
Evitar la revictimización
Uno de los colaboradores describió el trabajo como un profundo proceso de aprendizaje. Antes de realizar los talleres, el equipo elaboraba metodologías que posteriormente eran examinadas por las instituciones especializadas.
Colaborador: Fue una manera muy cuidadosa de relacionarnos con las personas. Sin embargo, al trabajar durante tanto tiempo juntos, también se crea una comunidad y las personas se vuelven cercanas.
Eso plantea otra dificultad: cómo no revictimizar a quien comparte su experiencia, pero también cómo protegerse uno mismo y conservar ciertos límites. Debíamos evitar que el dolor que escuchábamos se incorporara de una manera que terminara siendo paralizante o traumática para quienes formábamos parte del equipo.
¿Quién es Margarita?
Desarrollamos distintas formas de narrar esas historias. Una de ellas fue la creación de Margarita, una figura que funciona como una especie de avatar.
Margarita no es una persona real. Reúne una polifonía de voces y experiencias diferentes. No queríamos homogeneizar los testimonios, pero esta figura permitía conservar cierta distancia. Las personas sobrevivientes podían relatar parte de sus historias a través de ella sin tener que exponerse directamente.
«Sobrevivientes», no «víctimas»
La colaboradora insistió en que el respeto mostrado por la directora Rojas-Feile fue una de las principales razones por las que aceptó participar en el proyecto.
Colaboradora: Las personas con las que trabajamos nos pidieron que las llamáramos sobrevivientes y no víctimas. Para mí, esa diferencia es fundamental.
En Colombia existen muchos proyectos artísticos relacionados con la paz. Algunas veces se toman las historias de las personas, se hace una obra y después se abandona la relación. Se extrae el testimonio y el proceso termina allí.
Lo que más valoro de este proyecto es que el respeto estuvo presente durante todo el trabajo. Las personas sobrevivientes se alegraron cuando presentamos la obra porque sintieron que sus voces habían sido escuchadas.
No se trataba simplemente de utilizar sus historias, sino de construir algo con ellas y mantener viva esa relación.
¿Qué puede hacer el arte frente a un mundo polarizado?
La moderadora planteó una cuestión que llevó la conversación desde el conflicto colombiano hacia una reflexión más amplia: en una sociedad cada vez más polarizada y digitalizada, atravesada además por la desinformación, ¿qué papel puede desempeñar una obra artística como «Corazón Rudo»?
Diana Rojas-Feile: Para mí siempre se trató de humanidad y de dignidad, independientemente de quién sea o haya sido cada persona.
La obra habla de personas que querían y todavía quieren construir la paz. También habla de personas que estuvieron en la guerra cuando eran niños. Muchos de ellos viven con sentimientos de culpa por cosas que hicieron.
Por eso las categorías de «víctima» y «responsable» se vuelven muy difíciles. La pregunta es qué hacemos nosotros como sociedad cuando somos testigos del dolor de los demás.
A través de los auriculares, la obra invita a cada espectador a realizar un recorrido individual, a intentar comprender y sentir esa realidad. No se trata, al menos para mí, de hacer política ni de hacer propaganda. Se trata de preguntarnos qué hacemos frente al dolor de otra persona.
«Necesitamos recordar para poder sanar»
La colaboradora destacó dos dimensiones del proyecto.
Colaboradora: En primer lugar, estas historias necesitan ser escuchadas, tanto en Colombia como fuera del país. Necesitamos recordar.
Como artista que trabaja con la memoria, a veces siento frustración. Frente a conflictos tan enormes podemos sentirnos muy pequeños y preguntarnos si nuestro trabajo realmente sirve para algo.
Pero estoy convencida de que los pequeños gestos tienen valor. Las personas que han venido a ver esta obra durante el festival participan también de un gesto simbólico.
No podemos borrar el pasado. Pero quizá, de una manera muy sutil, sí podemos contribuir a sanar algunas de sus heridas.
Escuchar antes de juzgar
El colaborador del proyecto añadió una reflexión sobre la facilidad con la que actualmente se emiten juicios sobre conflictos y sociedades que se encuentran a miles de kilómetros de distancia.
Colaborador: Lo que escuchamos en esta obra es un conocimiento situado: procede de determinados territorios y de experiencias concretas.
Vivimos en una época muy digitalizada y polarizada. Podemos estar sentados en un lugar y tener opiniones extremadamente firmes sobre otro sitio que está muy lejos de nosotros. Construimos esas opiniones a partir de la información que recibimos por distintos canales.
Aquí, en cambio, escuchamos las experiencias directas de personas que han vivido esa realidad.
Eso nos obliga a ser más humildes frente a nuestra tendencia a buscar soluciones fáciles o a juzgar rápidamente cómo deberían comportarse las personas que viven determinadas situaciones.
Hoy vemos también un aumento del militarismo y, a menudo, una cierta representación heroica de la guerra. Pero después escuchamos a personas que nunca eligieron formar parte de ella. Personas obligadas a vivir una existencia que jamás escogieron.
Quizá deberíamos detenernos un momento y escuchar esos conocimientos y esas experiencias antes de emitir un juicio.
Narcotráfico, cocaína y conflicto armado
Durante el diálogo con el público, Luis Vélez Serrano de PuntoLatino.ch hizo una pregunta en español, sobre un aspecto particularmente complejo del conflicto colombiano: la relación entre el narcotráfico, los grupos guerrilleros y el consumo de drogas.
Redactor de PL: En las guerrillas colombianas, particularmente en las FARC, el narcotráfico ha estado presente tanto en la producción como en la comercialización de drogas, ya que ésta se ha constituido su principal fuente de financiación. En diversos testimonios difundidos por la prensa internacional se menciona también el consumo de drogas dentro de determinados grupos guerrilleros. ¿Encontraron ustedes referencias a este aspecto en los testimonios que recogieron?
Diana Rojas-Feile: Realicé entrevistas en Colombia no solamente con personas procedentes de un grupo, sino con personas que habían pertenecido a distintos grupos armados.
Lo que comprendí es que no necesariamente se trataba de consumir cocaína, pero cuando alguien debe permanecer durante largos períodos en la selva y caminar durante muchos días necesita algo que le permita mantener la resistencia física. En ese contexto aparecía el uso de coca y, según algunos testimonios que recogí, también de cocaína.
Pero la relación de nuestra obra con la cocaína adquirió otra dimensión precisamente aquí, en Suiza.
Presentamos primero el proyecto en Bogotá. Para las presentaciones en Suiza tuvimos que producir una contextualización adicional y yo misma me hice una pregunta: ¿qué relación existe entre esta realidad colombiana y la realidad suiza? Para mí, una de las respuestas fue la cocaína.
Suiza tiene varias ciudades que se encuentran entre las de mayor consumo de cocaína en Europa. Y probablemente muchas personas no saben de dónde procede esa cocaína ni qué significa su producción para Colombia. Para los colombianos, que conocemos desde los años ochenta las consecuencias del narcotráfico, no se trata de clichés ni de las imágenes que vemos en Netflix. Es una realidad que ha producido muchísimo dolor en nuestro país.
Al mismo tiempo, debemos ser muy cuidadosos. Sabemos, porque existen investigaciones al respecto, que grupos armados ilegales participan en el sostenimiento de este mercado. Pero nosotros somos artistas y no podemos hacer afirmaciones que vayan más allá de aquello que podemos verificar.
De Bogotá a Zúrich: dos públicos, dos experiencias
Otra persona del público preguntó cómo había sido recibida la obra «Corazón Rudo» en Bogotá y qué diferencias había percibido el equipo entre el público colombiano y el suizo. La colaboradora artística describió una diferencia fundamental.
Colaboradora: Para mí fue muy distinto. En Colombia podía sentir el dolor en la sala. Era algo casi físico. Todo el espacio estaba atravesado por ese dolor porque nosotros vivimos ese conflicto.
Aquí, en cambio, percibí un público extremadamente concentrado, siguiendo la obra con mucha atención y respeto. Pero la gran diferencia es que, en Colombia, era imposible no sentir directamente el dolor.
Cuando los sobrevivientes están presentes
Diana Rojas-Feile explicó que la presentación colombiana había tenido además unas características muy diferentes. No se había limitado a la representación de «Corazón Rudo», sino que formaba parte de un proceso mucho más amplio.
Diana Rojas-Feile: En Bogotá estuvieron presentes las personas sobrevivientes. Como no vivían allí, viajaron desde diferentes territorios.
Organizamos un fin de semana especial con numerosas actividades. No fue solamente esta instalación y la representación en vivo. El proyecto tenía múltiples formatos.
Trabajamos también con otro artista en la realización de un gran mural en Bogotá y desarrollamos talleres con las personas sobrevivientes. «Corazón Rudo» es solamente uno de los formatos surgidos de todo ese proceso.
También realizamos un pódcast de radio con ellas y organizamos conversaciones con organizaciones no gubernamentales suizas que trabajan sobre estos temas en Colombia, con la Embajada de Suiza y con representantes relacionados con la justicia transicional. Por eso aquella presentación fue particularmente emotiva.
Uno de los sobrevivientes, por ejemplo, escribió un libro después de nuestro primer encuentro. Gracias a financiación de UNICEF pudimos imprimirlo. Es su biografía.
Hubo personas que nunca habían contado toda su historia ni siquiera dentro de sus propias familias. Poder compartirla públicamente fue un momento extraordinariamente intenso.
Una herida colectiva todavía presente
El colaborador artístico señaló que el contexto colombiano implica también otra forma de relacionarse con la obra.
Colaborador: En Colombia el trauma colectivo está enormemente presente.
Pero existe también una gran experiencia acumulada sobre cómo abordar estas cuestiones. El proceso de paz lleva años desarrollándose y durante ese tiempo se han creado instituciones, metodologías y conocimientos especializados.
Por eso el público colombiano también puede observar este tipo de trabajos con una mirada muy crítica. No llegamos desde Suiza pensando que habíamos inventado una manera completamente nueva de tratar estos asuntos. En Colombia existe ya una enorme experiencia.
Durante el proceso organizamos, por ejemplo, un ensayo abierto ante un público de distintas generaciones. Después hubo una conversación. Cada persona que tomó la palabra para explicar su perspectiva terminó llorando.
Fue muy conmovedor para nosotros, pero también nos hizo comprender la enorme responsabilidad que existía en aquella sala y hasta qué punto nuestro trabajo entraba en contacto con un trauma colectivo.
Aquí, en Suiza, la mirada puede ser diferente. Hemos hablado con espectadores y también con colegas profesionales que observan la obra con mucho respeto, pero quizá prestando mayor atención a cómo está construida.
Son perspectivas y formas de conocimiento distintas.
Las instituciones como protección
Hacia el final de la grabación, una persona del público preguntó por el papel de las numerosas instituciones que participaron en el proyecto. ¿Qué poder tienen esas instituciones? ¿Pueden ofrecer protección y crear espacios seguros para abordar experiencias tan delicadas?
Diana Rojas-Feile explicó que su propia concepción del proyecto había cambiado profundamente durante los años de investigación.
Diana Rojas-Feile: Al principio pensaba que podía hacerlo de una determinada manera, pero poco a poco comprendí que eso no era posible si quería trabajar correctamente.
Uno puede tomar una grabadora, encontrar a alguien y recoger su historia. Muchas personas lo hacen. Pero cuando empiezan a plantearse seriamente cuestiones como el respeto, la visibilidad y las necesidades de las personas sobrevivientes, todo cambia.
Al principio yo estaba en un instituto de investigación en Berna. Mi planteamiento era: estoy haciendo una investigación y después veremos si de ella surge una obra artística o no. La obra de arte no estaba decidida desde el comienzo.
En cada etapa de este largo recorrido fueron apareciendo distintas instituciones. Y fue algo positivo.
No se trataba de poder institucional, sino de protección de las personas.
Cuando entré en contacto con la Embajada de Suiza me explicaron que, si quería trabajar de una manera responsable, debía contar con determinadas estructuras y determinados profesionales. Después fui conociendo cada vez mejor el sistema de justicia restaurativa. Me interesó muchísimo y tuve la posibilidad de trabajar directamente con personas vinculadas a ese sistema, entre ellas numerosos juristas. Necesitaba aprender y comprender.
Solo a través de esas instituciones pude acercarme seriamente a un tema tan complejo.
En un determinado momento, después de uno de nuestros ensayos, la asistente de investigación y yo recibimos varias cartas de las personas sobrevivientes. Nos explicaban qué necesitaban para continuar trabajando con nosotros. Tuvimos que escucharlas.
Yo no trabajo en ayuda humanitaria. No soy trabajadora social, psicóloga ni terapeuta. Tampoco hago arteterapia.
Por eso debía ser consecuente con aquello que estábamos haciendo: dar visibilidad, pero al mismo tiempo tomarnos muy en serio una realidad sobre la que durante décadas apenas se habló en Colombia: la presencia de niños en la guerra, de mujeres en la guerra y también la violencia sexual sufrida por hombres [no solamente por mujeres].
Gran parte del conocimiento que nos permitió trabajar responsablemente procede precisamente de las instituciones y de las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad.
No se trataba de acumular logotipos institucionales para acompañar el proyecto. Se trataba de trabajar seriamente con ese conocimiento.
La grabación realizada por PuntoLatino.ch se interrumpe en este punto, pocos minutos antes de la conclusión de la discusión pública.

