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Leonardo Padura: Más que en las especulaciones me gusta centrarme en las revelaciones


— Cuba está sufriendo un proceso de transformaciones sobre todo a nivel económico muy importante, que va a provocar cambios sociales profundos y que pudiera generar cambios políticos en un período breve o dilatado, no lo sé.



— Entrevista a Leonardo Padura por Paulo González Ramirez, Alex Heshusius y Luis Vélez-Serrano de © PuntoLatino.




— No siempre tenemos la suerte de tener la visita de escritores latinoamericanos en Suiza. Cuando vienen, deseamos en PuntoLatino hablar con ellos de sus obras y de sus países, de nuestros países.
— Hablando de tu obra, hay un personaje que aparece siempre, Mario Conde y del que todo el mundo habla. Tu afirmaste alguna vez que este personaje es melancólico, es un personaje que arrastra una tristeza, ¿Tu arrastras una tristeza también, como el personaje nombrado?
[foto: Padura, Hans-Joachim Hartstein y Luis Vélez-Serrano]

— Mira Mario Conde, es un personaje de ficción, una creación que cumple varios objetivos en las novelas; pero que además tiene su propio carácter. A veces me preguntan si es mi alter ego, yo digo que no, que no es mi alter ego. Que si tiene rasgos biográficos, entonces digo que si y no. Porque Mario Conde fue policía durante muchos años, ahora se dedica a comprar y vender libros; yo ni una cosa ni la otra. Pero tenemos muchos rasgos comunes en cuanto a la percepción de la vida, en cuanto a experiencias generacionales, en ciertos gustos por la cultura, por la literatura,; y afinidades con respecto a determinados sentimientos. Yo no creo ser un un hombre melancólico y triste, creo que soy más bien un hombre muy trabajador, muy centrado en lo que me propongo y por eso es que he podido escribir todos los libros que he escrito. No creo para nada, que sea el escritor con más talento de mi generación en Cuba, pero estoy convencido que soy el más trabajador y eso de alguna manera permite que uno tenga resultados. Esta mirada melancólica y triste de Mario Conde tiene mucho que ver con un sentimiento de desencanto respecto a una cierta realidad que se ha vivido en Cuba en estos años, con respecto a un futuro que nos prometieron, un futuro mejor del que nos hablaron cuando éramos jóvenes, adolescentes y que nunca llegó. Cuando se suponía que podría llegar ese futuro, lo que llegó realmente fue una prolongadísima crisis económica que ha provocado una profundísima crisis ética, moral, social y, por lo tanto, las razones para ese desencanto que tiene Mario Conde y que también tengo yo con respecto a muchos elementos de la realidad cubana, están justificados.



— Usted ha escrito con el personaje Mario Conde una serie de obras del género policial. Ahora nos trae una obra («El hombre que amaba a los perros») con la que esta serie prácticamente se interrumpe. El trasfondo de esta novela es más bien histórico y político. ¿Cuál ha sido la génesis, la razón para este cambio? Además Usted piensa retornar a Mario Conde próximamente …  [foto: Padura, Hartstein y Paulo González] 

— Mi primera novela, mi obra de iniciación en todos los sentidos, no es una novela policial, se llama «Fiebre de caballo», la escribí en los años 83/84, se publicó en Cuba el 88 y en el 2002 yo publiqué una novela (aún no traducida al alemán) que se llama «La novela de mi vida», una novela en la que la historia tiene también un papel muy importante, porque el personaje central, -no protagónico- pero personaje central de la historia, es el poeta cubano romántico José María Heredia, que vivió entre 1803 y 1839; por lo tanto, me remito a los orígenes de la cultura cubana, a los orígenes de la poesía cubana, de la nacionalidad. Y, al igual que en «El hombre que amaba a los perros» llego hasta el presente cubano. Hago una reflexión ahí a partir de la historia, que trata de dar alguna explicación sobre el presente, igual a lo que ocurre en esta novela. Por lo tanto, no es una ruptura, es una continuidad de un otro modo de escribir que no es siempre el de las novelas de Mario Conde. Incluso en las novelas de Mario Conde, cuando cerré la serie de las «Cuatro estaciones» («Pasado perfecto», «Vientos de cuaresma», «Máscaras» y «Paisaje de otoño»), cerré también con un estilo, cerré con una manera de escribir, porque yo quería que esas cuatro novelas tuvieran un cierto sentido de unidad, no solo temporal y respecto a los personajes, sino incluso estilística. Ya con «Adiós Hemingway» que es la quinta novela en la que aparece Mario Conde, y sobre todo con «La neblina del ayer», hay un cambio de perspectiva, un cambio de estilo, entran personajes históricos reales, hay más de una perspectiva literaria, hay diferentes modos de narrar las historias, en esta por ejemplo hay un falso Hemingway, en el estilo que se utiliza. Es decir, que yo he ido moviendo el diapasón de intereses en la medida en la que he ido evolucionando como escritor. Y, esta novela, tiene un origen muy claro, y es el de tratar de hacer una reflexión sobre las razones por las cuales se permitió la gran utopía social del siglo XX, ese es el origen de esta novela.




— Tu dices, es una reflexión sobre porqué fracasa la utopía ¿no?. Y, esa utopía ¿tu crees que es posible hoy?

— Yo creo que es necesaria, no sé si es posible.




— ¿Tu haces una alusión dialéctica en esa utopía a la revolución cubana? … 
 [foto: Padura durante la entrevista en la terraza del Hotel Greuchlich de Zúrich]

— No. Entre esa utopía que se pervierte y los resultados que provoca todo eso en la vida cubana, dentro del período revolucionario. Es un poco el camino. Y, cuanto te decía que no sé si es posible, pero creo que es necesaria, esa era toda la respuesta. En el sentido en que no sé, cuáles puedan ser las alternativas sociales y políticas para lograr esa sociedad realmente, realmente, realmente –tres veces lo repito- democrática e igualitaria. Esa sociedad que se les prometió a los trabajadores, a la gran masa de la población, donde iban a vivir con un máximo de libertades, con un máximo de democracia. Por lo tanto, sigue siendo una necesidad, la igualdad de los hombres, la igualdad de derechos, la igualdad de posibilidades, pero no veo en estos momentos ningún camino posible para garantizar plenamente esa idea que los hombres han convertido en una utopía desde hace muchos siglos.




— Cuba en el siglo XXI ¿no llegaría a establecerse democráticamente?

— Cuba está sufriendo un proceso de transformaciones sobre todo a nivel económico muy importante, que va a provocar cambios sociales profundos y que pudiera generar cambios políticos en un período breve o dilatado, no lo sé. No lo sé, porque en este tipo de situaciones, hacer predicciones es muy difícil. Pero lo que si creo es que el movimiento económico que se está produciendo en Cuba es una necesidad de una sociedad que se había anquilosado, con una economía que no funcionaba, era el modelo económico fundamentalmente estalinista, el único que existió como modelo socialista. Y todas las otras, son variantes de ese modelo que  fundó Stalin desde el año 29 con la colectivización y que no funcionó. No funcionó, evidentemente, los números que se han manejado en Cuba por el propio Raúl Castro, demuestran hasta qué punto la economía cubana esta sumida en una profundísima crisis de productividad, de eficiencia y de capacidad de generar riquezas.




— En pocas palabras, ¿qué evocan en Usted los nombres de Alejo Carpentier, de Cabrera Infante y de Lezama Lima? Usted decía Cabrera Infante es leído en Cuba, pero no es distribuído.

— Cabrera Infante evoca una mirada viva y luminosa de la noche habanera, con la riqueza de un lenguaje habanero que el patentiza y que nos entrega a los escritores posteriores. Carpentier siempre me evoca la búsqueda los orígenes, esa obsesión por encontrar el principio de lo americano, lo esencial americano, a través de un lenguaje, de unas estructuras, de una filosofía, de una ontología que nos explique a los latinoamericanos quiénes somos y porqué somos diferentes. Y, Lezama Lima me evoca un gran poeta, dueño de un arsenal infinito de metáforas y de recursos poéticos y que escribió una novela que ha tenido la gran suerte de convertirse en un clásico sin que prácticamente nadie la haya leído.




— ¿Cómo fue para ti, trabajar como periodista en Cuba, en lo que respecta a la libertad de expresión?

— Tuve una época en la que trabajé como periodista específicamente, no como crítico literario, yo trabajé tres años en el «Caimán barbudo» como crítico de literatura y de teatro. Después trabajé seis años en «Juventud rebelde» y después fui 4 a 5 años, jefe de redacción de la «Gaceta de Cuba». Los seis años que trabajé como periodista fue una etapa en la que pude escribir lo que quise, como quise, con la extensión que quise, y entregar los trabajos cuando quise. Es decir, el anti-periodismo. En Cuba, se sabe que la prensa pertenece al Estado, que existe un control absoluto de los medios de prensa: televisión, radio, prensa escrita. [… Interrupción para pedir café …] Fue un momento de gran capacidad para experimentar con el periodismo y que me permitió realmente convertirme de un escritor absolutamente «amateur», aprendiz de escritor, que fue el que escribió «Fiebre de caballo», en un escritor con un sentido mucho más profesional, el que escribió «Pasado perfecto». Y, eso se lo debo al periodismo, que me ayudó con un aprendizaje muy favorable en el que como dije, tuve la suerte, el privilegio extrañísimo, en cualquier parte del mundo, no solamente en Cuba, de poder escribir cuando quería y como quería.




— Señor Padura, en cuanto a la libertad de expresión, hay mejoras, hay una evolución.

— Sí, ha cambiado muchísimo, a partir de los años noventa ocurre algo que es fundamental, y es que la industria editorial, la industria cultural cubana se paraliza, y al paralizarse se produce una distancia entre los creadores y la forma de estampar, difundir, promocionar la cultura, no solo la literatura, también en el cine, el teatro y en las artes plásticas, y eso generó un espacio de libertad para los escritores. Hoy mismo mi relación editorial se concreta con editores españoles, no pasan mis libros por manos de editores cubanos, se publican después en Cuba y la editorial española da una autorización sin cobrar para que se publique en Cuba, exactamente igual como se publicaron en España. Por cuanto, sí, creo que ha habido una gran ganancia en cuanto a libertad de expresión si se compara con los espacios de los años 70. [foto: Leonardo Padura rodeado por los redactores de PuntoLatino Luis Vélez-Serrano y Paulo González-Ramírez].





— Volviendo a la labor del periodista y al libro, la historia del libro, del hombre que amaba los perros. El periodista redacta los hechos, el literato utiliza la imaginación. Tú crees que la historia pudo haber sido diferente, cómo hubiera sido si...

— La historia es como es y de una sola manera. Tratar de hacer una especulación y ver qué hubiera pasado si en la lucha por el poder, en el caso de Stalin y Trotski, si el segundo hubiera salido vencedor y Lenin no hubiera muerto en el año 1924, es tratar de rizar un rizo que no tiene sentido. El problema de la historia, creo que está no en cómo ocurrieron los hechos sino en cómo se escribe la historia. Quién escribe la historia. Por eso las historias son diferentes. En este libro es fundamental la guerra civil española y la lectura que desde la izquierda teníamos de la guerra civil española cambió, de una manera casi radical, cuando se pudo leer los archivos que se tenían en Moscú, y ver la participación soviética, la de los asesores soviéticos, en los hechos sucedidos. Por lo tanto más que en las especulaciones me gusta centrarme en las revelaciones. La misma historia de la Unión Soviética cambió desde que se pudo penetrar en esos archivos. Decía un autor, que en los años noventa llegamos a darnos cuenta de que el conocimiento que teníamos en los años 90 de la Unión Soviética solamente un 10% correspondía al conocimiento que teníamos para antes de 1989. Es decir que el 90% era una historia nueva, algo que desconocíamos. Por lo tanto, creo que es ahí donde está el problema más delicado con la historia. Quien escribe la historia y porqué la escribe de una determinada manera.




— Dice un cantautor cubano, los hombres sin historia son la historia, grano a grano se forman largas playas... en tu libro, ¿hay un personaje sin historia?

— No, yo creo que todo mundo tiene su pequeña historia, lo que pasa es que hay historias que son más trascendentes que otras. Ramón Mercader sino hubiera sido el hombre que asesinó a Trotski hubiera sido un hombre poco percibido por la historia. Hay un agente español que estaba preparado para asesinar a Trotski igualmente y su nombre en clave era Felipe. Nunca se ha sabido quién era Felipe realmente. Por lo tanto, seguramente, Felipe tendrá la historia de un comunista español refugiado en la Unión Soviética después de la guerra, un republicano y que murió tranquilamente ahí, porque no fue el que le dio el «coletazo» a Trotsky.




— ¿Trotsky ha influído de alguna manera en la intelectualidad cubana?

— No, para nada. Es totalmente desconocido.




— Vivimos en un mundo de clichés, por ejemplo Brasil con la samba y el carnaval, Suiza con el queso y el chocolate, los relojes y además los bancos. A Cuba, ¿qué clichés se le podrían atribuir?
— Muchos y casi todos son verdaderos. Realmente los quesos y los chocolates suizos son muy buenos, y la samba brasileña es una maravilla. Cuba es un país de música, es un país donde se produjo uno de los milagros genéticos más prodigiosos de la historia, que es el cruce de un negro africano con una blanca española y después con un chino, que produjo algo maravilloso que es una china mulata, una de las mujeres más hermosas del mundo, digna de admirar. Cuba es un país de béisbol, no es un cliché, es una pasión, la revolución cubana es un hito en el mundo, especialmente en América Latina, y habrían muchos otros más, que se podrían citar. Pero ahí están estos que no son solamente clichés sino realidades palpables.


— ¿Juegas al béisbol.
— Jugaba, (risas)...


— ¿Cuántas veces ha estado Usted en Suiza
Varias veces, varias veces. No recuerdo cuántas …

— ¿Le ha gustado ...?
— Suiza es como un país que es un paraíso, ha tenido una suerte histórica tremenda, también tiene una historia tremenda, desde los siglos de influencia del calvinismo y protestantismo, que fue un azote para la libertad de pensamiento y la manera de actuar de la gente. Tiene una geografía maravillosa, gente muy amable, pero lo que es sorprendente que en un país que es tan rico en el sentido económico, social, linguístico, geográfico, sea sin embargo un país tan pobre en cuanto a su producción cultural, si sacamos la cuenta son muy pocos los escritores, cineastas, pintores importantes que ha dado Suiza.


— ¿Siempre has vivido en La Habana, Mantilla, nunca te has planteado vivir en otro lugar?
— No, pensé en los años 90 como tantísimos cubanos salir del país y ver a dónde iba a parar, porque la situación estaba muy pero muy complicada, pero fue una idea que se producía en los días en que teníamos apagones o mientras iba en mi bicicleta de mi casa al trabajo bajo el sol de agosto, pero no, nunca me lo he propuesto como un proyecto de vida.


— ¿Y, ahora con el pasaporte español?
— No, lo que pasa es que me facilita la movilidad, pero yo he tenido la posibilidad de viajar a donde he querido y a los países que he pretendido ir y que me lo han permitido. Nunca el gobierno cubano me ha impedido viajar.


— La idea romántica de la revolución. ¿Tú crees que la revolución ha sido lo mejor para Cuba?
— Por lo menos fue un momento histórico necesario, Cuba en los cincuenta llegó a un punto político en que la corrupción que existía en los círculos cubanos llegó a puntos intolerables, lo mismo en niveles que existen en muchos países de América Latina, y que han provocado algunos de los cambios que se dieron y se están dando en muchos países. La revolución es el primer momento en que se rebela un país que sale de una dictadura sangrienta. Y así la revolución se define profundamente con cambios drásticos, empujada por la propia política ciega y torpe de los Estados Unidos, y de otra parte, por los juegos geopolíticos donde la Unión Soviética vio una posiblilidad. Trotsky lo dice, y en la novela también, las revoluciones no son paseos por el campo. Las revoluciones llevan sangre, llevan dolor, sufrimientos y no siempre lo que se propone como proyecto se cumple como realidad.


¿Obama ha cumplido las espectativas de los cubanos?
No, pensábamos que iba a tener una actitud más sensible, activa con respecto a las relaciones que han tenido Cuba y Estados Unidos en los últimos años. Por debajo de las espectativas.

Muchas Gracias por la entrevista, por tu tiempo y amabilidad.


[Haciendo hora la lectura literaria en la terraza del Kaufleuten: Melina Reitz, Alex Heshusius (PL), Luis Vélez-Serrano (PL), Paulo González-Ramírez (PL).


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