| BUZÓN ACADÉMICO Y UNIVERSITARIO | NOVIEMBRE 2025 |
Serán necesarias mejoras internas en productividad, calidad, logística y cumplimiento de estándares
— Entrevista de Luis Vélez Serrano de ©PuntoLatino a Ariadna Berger, profesora en la UBA y en UCEMA (Argentina).
— ¿Ahora que se ha dado la firma del Acuerdo Efta-Mercosur cómo ves la situación de la producción agropecuaria en Argentina?
— Para la producción agropecuaria argentina el acuerdo es sin duda una buena noticia estructural. En principio, debería mejorar las posibilidades de nuevas o mayores exportaciones y facilitar la inserción en mercados exigentes. Sin embargo, el sector agropecuario tiene presente que no se trata de una panacea mágica e inmediata. Por un lado, los efectos se verán en el mediano plazo, y por el otro serán necesarias mejoras internas en productividad, calidad, logística y cumplimiento de estándares, además del armado de una estrategia activa de desarrollo de mercados.
Algunos sectores que se supone podrán beneficiarse en el mediano plazo con mayores exportaciones hacia los países EFTA son los productores de carnes premium, aceites, alimentos procesados, frutas, miel y vinos (que hoy son el principal producto agroindustrial exportado a esos países).
El acuerdo será un incentivo para que los productores inviertan en mejoras de calidad, trazabilidad y certificaciones, gracias al potencial para diversificar mercados y reducir la dependencia de unos pocos destinos. Pero a corto plazo los desafíos son: asegurar que los productos sean “aptos” para el nuevo marco, adaptarse a procesos de trazabilidad, competir con otros exportadores y lograr que la logística y los costos no limiten esta nueva ventaja.
Argentina lamentablemente se ha caracterizado en el pasado (hasta en el más reciente) por vaivenes políticos y económicos que atentan contra este tipo de inversiones y procesos. No obstante, el sector agropecuario argentino ha demostrado a lo largo de los años que tiene recursos suficientes para sobrellevar adversidades políticas y climáticas con ingenio, esfuerzo y buena voluntad, logrando obtener una renta inclusive con políticas que no sólo no lo favorecen, sino que lo han entorpecido. Teniendo esto en cuenta, los desafíos a los que se enfrenta el sector agropecuario a raíz de la firma del Acuerdo no deberían ser un gran obstáculo. Por supuesto, en caso de contar con colaboración gubernamental los superará más rápido.
— ¿De qué manera el acuerdo integra suficientemente cláusulas medioambientales, sociales y laborales?
— Me parece que el acuerdo integra correctamente cláusulas medioambientales, sociales y laborales desde el punto de vista del diseño. Es muy positivo que el capítulo de desarrollo sostenible sea claro y contemple estándares internacionales, no-regresión, cooperación, diálogo. Sin embargo, la clave estará en la implementación. El texto estipula obligaciones, lo cual es un punto a favor del mismo, pero el valor real de estas cláusulas dependerá de que esas obligaciones se conviertan en prácticas efectivas, con supervisión, transparencia, participación de la sociedad civil y sanciones creíbles en caso de incumplimiento. En el sector agropecuario argentino, por ejemplo, es posible que se requiera vigilancia especial en la supervisión de cadenas de suministro agrícolas, deforestación y derechos de pueblos indígenas.
— ¿Es posible conciliar más una apertura comercial con compromisos climáticos y de sostenibilidad?
— Hoy, abrir la economía sin estándares ambientales y sociales fuertes genera “carreras hacia abajo” (competir bajando costos vía degradación ambiental, precarización laboral o uso ineficiente de recursos). Pero si las reglas del comercio exigen estándares verificables, la lógica cambia: los países compiten por calidad, eficiencia y trazabilidad, no por destruir sus recursos naturales.
Entonces, una apertura comercial que no se limite a aspectos puramente tarifarios, sino que integre no-regresión ambiental y laboral, estándares mínimos, compromisos climáticos, mecanismos de monitoreo y exigencias de trazabilidad será perfectamente compatible con la sostenibilidad.
En Argentina, las cadenas mejor posicionadas para mercados “verdes”, que ya cuentan con características que facilitan cumplir exigencias de trazabilidad, calidad y sostenibilidad, o tienen potencial claro para agregar valor son: la carne vacuna premium, aceites y harinas de oleaginosas procesadas, horticultura y frutas (cítricos, manzana/pera, uva de calidad), vino y productos con certificación orgánica o de menor huella de carbono (algunos lácteos premium, por ejemplo). Por otra parte, la producción de granos a granel, de carne a gran escala pero sin trazabilidad ni estándares de bienestar animal, pequeños productores hortícolas sin inversión en frío/logística y la zonas de frontera agrícola-forestal son sectores con mayores dificultades para cumplir requisitos internacionales si no se implementan políticas activas.
A la fecha, por ejemplo, para la producción de carne vacuna es inminente la adopción de caravanas electrónicas, en un esfuerzo para lograr la trazabilidad desde el nacimiento a la faena. El nuevo sistema de identificación de bovinos comenzará el 1 de enero de 2026. También se modificó recientemente el sistema de inscripción para establecimientos que procesan frutas, hortalizas y otros vegetales para que sea digital y automática y se reforzó la supervisión sanitaria.
En general, estos procesos llevan tiempo. Por ejemplo, Argentina cuenta con un Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático vigente para articular medidas agro-climáticas, pero por el momento falta traducir objetivos en programas presupuestados y escalables por cadena.
— ¡Muchas gracias Ariadna!
