| BUZÓN ACADÉMICO Y UNIVERSITARIO | NOVIEMBRE 2025 |
«Es importante reconocer que en acuerdos comerciales de esta naturaleza siempre existen ganadores y perdedores»
— Luis Vélez Serrano de ©PuntoLatino entrevistó a Juan Flores-Zendejas, miembro de la Red Global de Mexicanos y profesor ordinario en la Universidad de Ginebra.
— ¿Cuáles son, en su opinión, los pasos importantes siguientes hasta que el acuerdo pueda entrar en vigor, además, por supuesto de la ratificación del Tratado? ¿Qué obstáculos políticos, económicos o sociales podrían surgir en la fase de implementación? ¿Qué actores serán decisivos para garantizar una aplicación efectiva del tratado?
— Es importante reconocer que en acuerdos comerciales de esta naturaleza siempre existen ganadores y perdedores. Durante décadas predominó la idea de que la liberalización beneficiaría al conjunto de la sociedad; sin embargo, este paradigma ha sido crecientemente cuestionado, especialmente a la luz del aumento de las desigualdades y del descontento social en países que abrieron sus economías desde los años ochenta.
No sorprende, por tanto, que amplios sectores sociales se muestren reticentes frente a estos tratados. En el caso suizo —como también en Noruega— el sector rural ha manifestado su preocupación ante la facilitación de importaciones agrícolas, justamente el principal tipo de bien exportado por los países del Mercosur. Aunque existen períodos de transición y contingentes arancelarios, ello no elimina necesariamente los obstáculos políticos a la ratificación.
Además, las preocupaciones medioambientales y sociales se expresan tanto en los países de la EFTA como en los del Mercosur. La expansión agrícola y ganadera, la presión sobre los recursos naturales y el accionar de empresas multinacionales pueden generar tensiones con comunidades locales e indígenas. Por ello, una implementación efectiva y legítima del acuerdo requerirá un trabajo conjunto entre gobiernos, cámaras empresariales, cooperativas agrícolas y organizaciones de la sociedad civil, para garantizar que el comercio sea sostenible y que proteja a los grupos más vulnerables.
— ¿Qué sectores podrían beneficiarse más del acuerdo en términos de exportaciones, inversión o innovación? — ¿Consideras que el acuerdo Mercosur-EFTA guarda similitudes estructurales o estratégicas con el acuerdo Mercosur-UE? ¿En qué aspectos se diferencian, especialmente en términos de alcance comercial, cláusulas sociales o medioambientales? ¿Cómo se aborda la protección de industrias sensibles en ambos bloques?
— En Suiza y, más ampliamente, en los países de la EFTA, serán los sectores de alto valor agregado los que obtengan mayores beneficios: maquinaria de precisión, productos químicos, farmacéuticos y dispositivos médicos, entre otros. En el caso del Mercosur, además del sector agroalimentario, también podrían beneficiarse algunas ramas industriales, como la automotriz o ciertos bienes de capital.
Para el Mercosur, este acuerdo puede representar un primer paso hacia una mayor aproximación al mercado europeo en sentido amplio, diversificando destinos y ampliando capacidades de inserción internacional. Tanto el acuerdo con la EFTA como el firmado con la Unión Europea son integrales, ya que abarcan no solo comercio de bienes, sino también servicios, inversión, propiedad intelectual y disposiciones sanitarias y medioambientales.
Sin embargo, el acuerdo con la Unión Europea tiene un peso político y económico considerablemente mayor. Sus cláusulas medioambientales y sociales son más explícitas, y contemplan mecanismos más exigentes, incluidas posibles suspensiones de beneficios comerciales en caso de incumplimientos graves. Esto refleja tanto la mayor influencia de la UE como la centralidad creciente de la agenda climática en sus relaciones comerciales.
— ¿Cómo influirá, según su lectura, este acuerdo en las relaciones políticas entre Europa y América Latina? y ¿Qué rol puede jugar este tratado frente a otros actores globales como la UE, EE.UU. o China? ¿Podría este acuerdo fortalecer la autonomía estratégica de los países del Mercosur? ¿Qué implicaciones tiene para la gobernanza regional y la integración latinoamericana?
— En un contexto internacional marcado por la fragmentación económica y geopolítica, es interesante ver cómo distintas regiones buscan diversificar sus riesgos. Y esa diversificación no es solo comercial: incluye asegurar materias primas, alimentos, tecnologías, mercados financieros e incluso alianzas políticas. En ese sentido, acuerdos como el EFTA–Mercosur son parte de una estrategia más amplia de “de-risking geoeconómico”.
Veo dos ideas centrales. La primera: es cierto que la Unión Europea —y también los países de la EFTA— han perdido terreno como socios comerciales e inversionistas frente a Estados Unidos y, sobre todo, China. Este acuerdo puede ser un paso para recuperar presencia en América Latina, pero está lejos de ser suficiente. Si realmente se quiere equilibrar ese rezago, hará falta una política más activa, con cooperación tecnológica, inversión estratégica y mecanismos claros para promover un comercio sostenible.
La segunda idea: para Mercosur, el acuerdo no solo sirve para diversificar socios comerciales, sino también para avanzar —al menos potencialmente— hacia una diversificación económica. Tradicionalmente, la región ha mostrado voluntad de fortalecer el regionalismo, pero este tipo de acuerdos reflejan una apertura a una inserción más global, manteniendo el vínculo con un orden económico liberal, frente a tendencias proteccionistas cada vez más visibles.
Ahora bien, el desafío real será interno: ¿existe en el Mercosur una voluntad política suficiente para coordinar posiciones entre países con intereses distintos? ¿Habrá una estrategia común que combine comercio con cooperación tecnológica, inversión en innovación y diversificación productiva? Si eso no ocurre, corremos el riesgo de volver a depender de los mismos sectores tradicionales —principalmente los agropecuarios—, sin aprovechar la oportunidad de transformar la estructura productiva.
— ¿De qué manera el acuerdo integra suficientemente cláusulas medioambientales, sociales y laborales? ¿Existen mecanismos de monitoreo y cumplimiento en estas áreas? ¿Es posible conciliar más una apertura comercial con compromisos climáticos y de sostenibilidad? ¿Qué papel juegan los pueblos indígenas, comunidades locales y organizaciones civiles en este proceso?
— El acuerdo prevé comités conjuntos y paneles de expertos en el capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible, con el objetivo de promover la protección ambiental y los derechos laborales. Estos mecanismos permiten el diálogo, el monitoreo y la participación de actores sociales, pero su capacidad efectiva es limitada: emit en recomendaciones, no incluyen sanciones vinculantes y dependen mucho de la voluntad política de los Estados. Por eso, se consideran instrumentos “blandos” y su impacto real probablemente será moderado, a menos que se los complemente con políticas nacionales más firmes.
— ¿Qué oportunidades abre este tratado para profundizar la cooperación académica y la investigación conjunta? — ¿Cómo se percibe el acuerdo en la opinión pública de los países firmantes? — ¿Existen resistencias sociales, movimientos críticos o apoyos institucionales claros? — ¿Sería útil establecer un observatorio binacional o regional para medir el impacto y la percepción pública del acuerdo?
— Como mencioné antes, este acuerdo puede efectivamente abrir espacios para la cooperación académica, especialmente en áreas como comercio internacional, biodiversidad, sostenibilidad y derechos humanos. También puede impulsar estudios de impacto social y ambiental, algo que ya se está haciendo en universidades suizas y en organismos internacionales, pero que podría fortalecerse con redes birregionales de investigación.
Ahora bien, el debate académico no es homogéneo. Existen perspectivas críticas —desde parte de la academia y desde organizaciones ambientales y de derechos humanos— que alertan sobre los riesgos de profundizar un modelo extractivo y desigual. Al mismo tiempo, hay una visión más optimista que entiende estos tratados como una oportunidad para difundir estándares ambientales y sociales más elevados a nivel global. El desafío será integrar estas miradas y convertir el acuerdo en un laboratorio de cooperación y evaluación rigurosa.
— ¡Muchas gracias Juan!
